Los monteros del rey cazador: Enrique IV

/ Josefina Mateos

En el año de 1462, el rey Enrique IV ya cazaba en los montes de nuestra comarca. El cronista Hernando del Pulgar dijo “era gran montero e plaziale muchas veces andar por los bosques apartado de las gentes”. La afición del Rey Enrique a las monterías, montes y fieras, es señalada por todos los cronistas. D. Enríquez del Castillo escribió: "Era gran cazador de todo linaje de animales y bestias fieras. Su mayor deporte era andar por los montes, y en aquellos hacer edificios e sitios cercados de diversas maneras para animales".

Enrique IV de Castilla (Miniatura de un manuscrito del viajero alemán Jörg von Ehingen, circa 1455) - Fte: Wipedia.org Las monterías estaban presentes en la vida del rey, estaba rodeado de monteros, ballesteros y los que cuidaban de la preparación de redes y otros aparejos precisos. Las grandes monterías movilizaban a cientos de personas, requerían operaciones previas.

Todo esto alteraba el modo de vida de los campesinos de las comarcas próximas por el mismo hecho de “andar de monte” suponiendo para ellos una fuente de ingresos. Un ejemplo de ello, en este año de 1462, superaba los 120.000 maravedíes, de los que un 94 % corresponde a esta zona. Los monteros procedían de Cebreros, Villalba, El Tiemblo, San Martín de Valdeiglesias, etc., y recibían una paga de ocho maravedíes diarios.

Al rey le gustaban los perros y poseía cinco de caza, de raza alanos. En uno de sus palacios de Segovia guardaba 8 osos sujetos con gruesas cadenas y collares de cuero. En sus palacios también tenía leones, un leopardo regalado por el rey de Túnez. Tener estos animales también implicaba su riesgo un día del mes de abril del año 1492 una de las leonas se escapó y mató a un burro de un vecino segoviano.

Para evitar estos hechos. A. de Palencia cuenta: "Las dilatadas selvas de altísimos pinos, de encinares y robledales que rodean y de los que nadie se atrevía a cortar la más pequeña rama, a fin de que los jabalíes, osos, ciervos, cabras monteses y gamos vivieran con la mayor seguridad". Tal atrevimiento llegó a cobrar los ciervos y jabalíes que devastaban todos los frutos de las cercanías y en presencia de los campesinos.

El rey era un verdadero ecologista y naturalista pues se cuidaba de la repoblación e implantación de especies

Un día del mes de abril del año 1492 una de las leonas se escapó y mató a un burro de un vecino segoviano

Los monteros procedían de Cebreros, Villalba, El Tiemblo, San Martín de Valdeiglesias, etc., y recibían una paga de ocho maravedíes diarios

Sucedía esto principalmente entre la ciudad y el Gobia, porque allí hay un bosque que Don Enrique hizo cercar con tapia en su mayor parte, y en su recinto construyó un basto y magnifico edificio donde se encerraba a solas con los rufianes para celebrar sus banquetes y contemplar las innumerables fieras que por allí habitaban. El rey era un verdadero ecologista y naturalista pues se cuidaba de la repoblación e implantación de especies; en septiembre hizo llevar varios jabalíes de Valsaín a la dehesa de las Gordillas (encinares de Ávila). Para poder contemplar a los animales de noche en este bosque, mandó comprar en el mes de agosto, dos candeleros grandes de cobre y tres hachones de cera.

El rey efectuaba una media de unas 9 monterías por año y solían durar entre diez días la más larga y tres la más breve, Los monteros oscilaban entre 17 y 423. La montería más numerosa de personal fue un 17 de septiembre en San Martín y Escalona y duró 7 días. A la muerte del rey don Enrique, diecisiete monteros de Cebreros entablaron un pleito para que el rey don Fernando I, les reconociera la condición de monteros reales nombrados por el difunto rey. Estos eran: Xil Sánchez Calleja, Miguel Sánchez Barbudo, Benito Fernández Barbudo, Miguel Sánchez Grande, Ferrand Gómez, Rodrigo del Lunar, Fernand González de la Canal, Blasco Martínez, Lázaro Martín, Juan hijo de Alfonso Sánchez de de la Nava, Miguel Rodríguez de la Parra, Martín García Merchán, Juan de Villalba, Martín Marcos, Juan García de Villalba, Pero Sánchez de la Nava, Diego González del Lunar. El rey les reconoció como tales monteros y las exenciones y franquicias que ello conllevaba.

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